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Siento la ciencia



Por Carolina Zambrano Barragán

Espero ansiosa en el jardín mientras siento cómo el sol pega en mi cara y me resguardo bajo el arupo florecido que a menudo exploramos con mi hermano Patricio. Dos minutos después, llega mi abuelito René con un pedazo de panal en su mano, lleno de miel que gotea entre sus dedos. Mis ojos y mi alma saltan y durante 30 segundos disfruto plenamente de la miel mezclada con cera, hasta que la cera se convierte en chicle. En seguida pido otro pedazo a mi abuelito, casi con la misma energía que ahora mi hija usa para pedirme un dulce o un turrón de panela y machica. Es 1987, tengo 7 años y esta escena marcaría no sólo mi infancia, sino mi camino de vida.

Solo hace un año, estudiando Narrativa Pública en Harvard, descubrí que fueron mi abuelito y sus abejas quienes me llevaron a estudiar biología y después a especializarme en cambio climático y ambiente. Mi formación comenzó temprano, con clases de apicultura para niños, mezcladas con viajes a la Amazonía ecuatoriana, adonde acompañábamos a mi mamá Lourdes a sus salidas de campo como antropóloga. Imágenes de las abejas, mi primer encuentro con una boa, y nuestro viaje en lancha con los indígenas shiwiar y sapara alimentan mis recuerdos de niñez. Años después, mis viajes de campo como bióloga llenarían esas imágenes con nombres científicos de plantas, sapos y aves.

La biología también me llevó a Galápagos donde hice mi tesis en la isla Española. Estudié la influencia de la luna en los piqueros de Nazca y, a pesar de que fue una experiencia increíble, ahí me di cuenta de que lo mío no era estudiar el comportamiento de los animales, sino tratar de hacer algo para salvarlos.  Fue entonces que empecé a trabajar en ambiente y cambio climático, en la interfaz entre la ciencia y la política, y entre la política y la acción. Mi pasión por la naturaleza me llevó a lugares como Madagascar y Perú, y a estudiar Gestión Ambiental en Yale y Administración Pública en Harvard. A pesar de no tener recursos para pagar ninguno de esos viajes ni estudios, mi hermano y mi mamá siempre me enseñaron a “lanzarme” y encontré becas para formarme en las mejores universidades y explorar parte del mundo. Como Valentín, un compañero colombiano en Harvard, siempre dice: “hay que levantar la mano” y aprovechar toda oportunidad que se cruce en tu camino.

Mi experiencia y mi formación me llevarían a ocupar puestos importantes en el gobierno y ONGs en Ecuador y América Latina. He sido Directora, Subsecretaria y Viceministra, y también gerente programática en fundaciones regionales e internacionales. Sin embargo, ninguno de esos cargos y títulos tendría sentido si no estuviera haciendo lo que me apasiona, que es buscar formas para que el desarrollo humano y la conservación de la naturaleza vayan de la mano; que pasen de ser vistos como opciones opuestas entre las que debemos elegir a elementos interdependientes básicos para nuestra existencia.  

Con este fin, y a diferencia de algunas de mis compañeras científicas, creo que encontré mi nicho como una especialista generalista. Yo siento la ciencia día a día mientras trabajo en acción climática en ciudades y bosques, en mitigación y adaptación, y desde la tecnología y la innovación. El mundo en el que vivimos es muy complejo y las respuestas que generemos a los desafíos actuales requieren de cambios en normas, creencias y comportamientos. Esto requiere de habilidades blandas, de una formación que te permita entender mejor cómo funciona el mundo, y además de paciencia. Los cambios que se requieren son profundos y, a pesar de que sentimos la necesidad de empujar cambios drásticos y urgentes para que el mundo mejore, creo que es clave ver a esto como una carrera de resistencia, y no de velocidad.  

Ahora escribo este texto a 10.000 pies de altura, en un vuelo entre Río de Janeiro y Brasilia. Después de dos maestrías, y casi 12 años de trabajo en el gobierno y ONGs en Ecuador y América Latina, mi trabajo me lleva de vuelta a la defensa de la Amazonía y de los pueblos indígenas que en ella -y de ella- viven. Ese mundo mágico que marcó mi infancia se encuentra presionado y amenazado por el extractivismo, la expansión de la frontera agrícola y el cambio climático, y ahora algunas organizaciones como la mía promueven el uso de las tecnologías para el monitoreo de los bosques y la defensa del territorio.

En el 2050, mi hijo tendrá mi edad, y espero que él y sus hijos puedan conocer y amar lo que yo he visto: comer panal de abeja, viajar en lancha por el bosque amazónico y conocer a los piqueros enmascarados en Galápagos, eso y mucho más. Por eso espero que niñas, niños y jóvenes sigan estudiando y haciendo ciencia para entender mejor nuestro mundo y que se conecten con otros para poder traducir esa ciencia en acciones concretas para preservarlo. En mi caso, la ciencia – y específicamente la biología- me abrió las puertas a diferentes roles, me ha dotado de conocimiento y ha llenado mi cabeza de preguntas. Espero que muchas niñas tengan la suerte de experimentar algo parecido y que con la ciencia nunca pierdan su capacidad de asombro.

Fotos cortesía de Carolina Zambrano Barragán





Carta a una futura científica

Por: Dámaris Intriago.

¡Hola, te saluda una científica!
Nací en Ecuador.
Desde pequeña yo, al igual que tú, siempre tuve curiosidad por conocer cómo funciona el universo y el mundo que nos rodea.
Me hacía muchas preguntas sobre la vida y la naturaleza y buscaba formas de encontrar respuestas. Mis padres y los libros fueron mis mejores maestros y me enseñaron todo lo que quería saber.
Un día, cuando tenía aproximadamente 4 años, fui a un laboratorio clínico con mis padres para realizarme unos exámenes médicos. Nos atendió una doctora y durante la visita, me pregunté que había detrás de una de las puertas que existían dentro del laboratorio. Les conté mi inquietud a mis padres y ellos le preguntaron a la doctora si me podía mostrar lo que había detrás de esa puerta. Esa puerta conducía a la parte central del laboratorio donde se analizaban las muestras médicas. La doctora abrió la puerta y me mostró el lugar.
Al instante, me llené de asombro al observar tantos recipientes de diferentes formas, tamaños y colores encima de los mesones; también observé máquinas y otros instrumentos. Al instante, uno de los instrumentos captó toda mi atención. Este instrumento era un microscopio; ese día fue la primera vez que observe uno de cerca. El lugar me fascinó tanto que desde ese momento me propuse estudiar mucho para un día llegar a ser como aquella doctora que trabajaba en ese laboratorio.
Yo lo tenía muy claro: Quería convertirme en científica para trabajar en un laboratorio, hacer experimentos y ayudar a otros, como aquella doctora lo hacía a diario.
En la escuela, me esforcé mucho y obtuve las mejores calificaciones de mi clase. Después, en el colegio, mantuve la dedicación en mis estudios y me gané una beca que me ayudo a financiarlos.
Durante mi penúltimo año de clases del colegio, participé en un curso de verano sobre biología molecular que fue dictado por mi maestra de química. Durante ese curso, aprendí sobre el ADN (ácido desoxirribonucleico), una molécula que contiene el manual de instrucciones que determina las características de nuestro organismo y su funcionamiento, junto con las técnicas de laboratorio que se utilizan para estudiarlo.

Foto cortesía de Dámaris Intriago

Me fascinó tanto esta molécula que decidí que quería convertirme en bióloga molecular para estudiar el ADN y ser capaz de comprender como se producen las enfermedades en el cuerpo humano con el fin de curarlas.
Durante mis años de colegio, obtuve excelentes calificaciones; al final del último año escolar, fui escogida como la segunda mejor alumna de mi clase. A continuación, rendí los exámenes de ingreso en la Universidad San Francisco de Quito; mi siguiente meta era ingresar a la universidad y estudiar la carrera de biología. Dado a que obtuve altas calificaciones en los exámenes de ingreso, pude participar por una beca que me ayudara a financiar mis estudios. Al final, obtuve la beca y pude estudiar la carrera que tanto quería.  
Mis años de estudio en la universidad estuvieron llenos de muchos retos y obstáculos e incluso hubo personas que no creían que yo podría cumplir mis sueños. A pesar de todo, decidí no bajar los brazos y continuar trabajando día y noche para concretar mis metas académicas. Al final del camino, vinieron las recompensas.
Me gradué con el promedio más alto de mi promoción y mi investigación de fin de carrera se convirtió en dos publicaciones científicas que fueron las primeras de mi carrera científica. Adicionalmente, gracias a la recomendación de una de mis profesoras, conseguí mi primer trabajo en mi universidad y pude continuar aprendiendo sobre mi materia favorita, la biología molecular.
¡Varios años después, supe que era el momento de dejar mi zona de confort y perseguir sueños más ambiciosos!
Ahora, mi nuevo objetivo era especializarme en medicina molecular, una rama de la medicina que utiliza la biología molecular para identificar las causas de las enfermedades que afectan al ser humano, como el cáncer, y desarrollar tratamientos más efectivos contra ellas.
Precisamente, eso quería hacer: estudiar porque se produce el cáncer y contribuir a encontrar nuevas formas para ganarle la batalla a esta enfermedad.
Gracias a una beca otorgada por el gobierno de mi país, pude alzar el vuelo hacia destinos muy lejanos y viajar a Reino Unido para cursar mis estudios de maestría en la facultad de medicina en el Imperial College de Londres, una de una de las diez mejores universidades del mundo. Seis meses después de haber iniciado mis estudios, llegó el momento por el cual esperé toda una vida.
El director de mi programa de maestría me dio la oportunidad de realizar mi tesis de maestría en un laboratorio que realizaba investigaciones sobre el cáncer de mama, el tipo de tumor más frecuente en mujeres a nivel mundial. Durante mi tesis, aprendí muchas cosas sobre esta enfermedad y adquirí experiencia en esta área de estudio.

Foto cortesía de Dámaris Intriago

¡No hay nada mejor que estudiar lo que a uno más le gusta!
Al final de este largo camino lejos de casa, obtuve mi diploma de maestría y mi sueño dorado de estudiar al cáncer se hizo realidad. A continuación, comenzó una nueva etapa llena de retos y obstáculos más complejos. Tuve la oportunidad de trabajar en un gran instituto que investiga al cáncer y busca nuevas formas para tratarlo y mejorar la salud de los pacientes que lo padecen. Había llegado la hora de ejercitar aún más mis músculos de investigadora y ganar más experiencia.
Este sendero de mi vida estuvo lleno de momentos alegres y valles muy tristes. Incluso, aquellas sombras que merodearon mis pasos durante mis años de universidad regresaron con más fuerza que nunca a tratar de estancar mis sueños diciéndome que no llegaría a ser una buena científica.
La vida de un investigador involucra mucho esfuerzo y dedicación ya que no siempre las cosas funcionan como deseas: tus experimentos no salen como los planeaste o los resultados que obtienes no son los que esperabas.
Pero, al final, eso es la investigación científica: un largo viaje lleno de triunfos y derrotas donde quien consigue grandes éxitos y logra nuevos descubrimientos es aquel quien no pierde el entusiasmo a pesar de las frustraciones diarias, considera sus fracasos como piezas de información útiles que te dan pistas sobre cómo puedes mejorar tus experimentos, y continúa trabajando a pesar de que el viento sople en su contra. Esta fue una de las lecciones más valiosas que aprendí durante mi tiempo en el instituto.
¡A pesar de todo, mi carrera científica continua en pie y todos los días me levanto con mucho entusiasmo a continuar aprendiendo más sobre la ciencia y sobre el cáncer!
Mi tiempo libre ha terminado y debo regresar al laboratorio, así que debo despedirme. Sin embargo, no quiero irme sin compartirte otras dos lecciones de vida que aprendí en el instituto.
La primera lección es: No permitas que nadie te diga que no puedes hacer algo. ¡Si tienes un sueño, trabaja por él y hazlo realidad! Confía siempre en tí misma porque nadie más lo hará por tí.
La segunda lección es: ¡Nunca te rindas! No importa si todo sale mal y te cuesta continuar, solo sigue caminando.
Yo decidí no escuchar a esas sombras, confiar en mi misma y no rendirme. Por eso, estoy hoy aquí y puedo contarte mi historia.
¡Ahora es momento de que tu escribas la tuya y que esta sea mucho mejor que la mía!
Si tienes más preguntas sobre cómo funciona la ciencia o sobre mi carrera científica, no dudes en escribirme y con gusto te ayudaré con ellas.
¡Que el conocimiento y la ciencia te acompañen siempre en tu camino y nunca dejes de volar!
Nos veremos nuevamente en otro sendero de este largo viaje,
Dámaris

Ma. José Barragán Paladines: ¡Las princesas de los cuentos de hadas que son rescatadas no existen!


María José Barragán Paladines es desde principios de Febrero 2018 la Directora del Departamento de Ciencias de la Fundación Charles Darwin para las Islas Galápagos. Hasta hace poco trabajó como Investigadora Post-Doctoral en el Área  de Ciencias Sociales - “Sociología del Desarrollo y del Conocimiento en el Centro Leibniz para la Investigación Marina Tropical (ZMT) en Bremen, Alemania.


Por: Melani Peláez (entrevista y edición)

¿Cuál fue tu motivación inicial, para estudiar a estudiar ciencias biológicas?

Ya desde muy pequeña tuve la clara intención de estudiar biología. Mis padres me cuentan que desde los 4 o 5 años ya lo decía. Tal vez fue también la inspiración o influencia que mi papá tuvo en mí, por haber trabajado más de 35 años en el ámbito de recursos pesqueros y marinos. Adicionalmente, creo que parte de mi inspiración vino también por el lado de mi hermana mayor, quien también  estudió biología. Cuando apliqué para el examen de ingreso a la universidad, mi  primera opción de estudio fue Biología y la segunda fue Geografía. Interesantemente, al final, terminé haciendo las dos cosas.....Inicialmente, estudié biología pura en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE) en Quito.  En ese entonces, mi vocación siempre me inclinó al área marina, pero  durante mis estudios de pregrado, la PUCE todavía no incluía las ciencias marinas dentro de su oferta académica.
De esa manera, a pesar de la dimensión terrestre bajo la cual desarrollé de mis estudios de pre-grado, durante toda esta etapa mi interés por enfocarme en el mar y en las actividades costeras se mantuvo. De hecho,  mi tesis de licenciatura versó sobre mega fauna marina en peligro, dentro de  áreas marinas protegidas, en el Parque Nacional  Machalilla….Ahora que lo pienso, tengo alrededor de 17 años de experiencia en investigación sobre temas marino-costeros.  

¿Cuándo descubriste tu interés por  vincular los temas de biología marina con las dimensiones humanas dentro del marco de la   geografía humana?
La decisión de dar el paso y entrar en el mundo de  las ciencias sociales fue progresiva y fue definitiva en cómo se desenvolvió mi carrera científica. Una circunstancia coyuntural fue un profesor en el programa de maestría que desarrollé, quien fue, posteriormente mi supervisor de la tesis de maestría, y finalmente quien me “reclutó” para continuar con el programa de doctorado, en la Universidad Memorial de Terranova, en St. John’s, Canadá. En un primer momento, la experiencia de investigación de este profesor (i.e., las conexiones entre los problemas ambientales y las dimensiones sociales) me proporcionaron una mejor idea de cuál podría, eventualmente, haber sido el tema para mi tesis doctoral. Sin embargo, el enfoque netamente terrestre de su área de investigación no era coherente con mi interés académico y de investigación, que siempre había sido enfocado en el contexto marino y costero. De él aprendí que cuando hablamos de manejo de especies en peligro, de recursos escasos y de situaciones de conflicto entre naturaleza y sociedad, se trata de “manejar a las personas y no manejar a los recursos (e.g., pesca, bosques, fauna silvestre). Esta perspectiva fue resultó ser fundamental en mi transición desde las ciencias naturales hacia la dimensión social de la conservación y el desarrollo. 
Posteriormente, conocí a la que, finalmente, resultó convertirse en mi Supervisora de Doctorado, quien ha sido, desde entonces, mi mentora, colega, coautora, amiga, y principalmente mi “modelo académico a seguir”. A través de ella conocí de la nueva dimensión social con la que se enfoca de mejor manera no solamente la investigación sobre pesca artesanal sino, la manera de visualizar coherentemente, el lado “humano” de los problemas ambientales. Y este fue, sin lugar a dudas, un cambio con el que me siento muy satisfecha y muy cómoda. De hecho, el haber sido expuesta a un ambiente interdisciplinario, durante mis estudios de doctorado, fue fundamental en mi cambio de perspectiva en mi enfoque a la investigación. Sin embargo, el enfrentarme a este “nuevo ambiente” de ciencias sociales significó para mí la necesidad de hacer un esfuerzo mayor, para adentrarme y entender una nueva dimensión en el hacer ciencia, que quienes venían con estudios de pregrado en ciencias sociales y humanas, y a la que nunca había estado expuesta antes. Puedo reconocer ahora, que esta situación fue un gran desafío, talvez el mayor en mi quehacer doctoral. Posteriormente, a raíz de la culminación de mi doctorado he seguido involucrada en una alianza global de investigación del sector pesquero artesanal (Too Big to Ignore, TBTI) en donde se me ha brindado la posibilidad de desarrollar mi interés académico y profesional. Finalmente, mi trabajo en la posición post-doctoral en el Leibniz Centre for Tropical Marine Research (ZMT) en Bremen, Alemania, significó una experiencia académica de importancia substancial en mi desarrollo académico. En este período me integré al grupo de trabajo “Development and Knowledge Sociology” y tuve la oportunidad de aprender de esta nueva dimensión en investigación y al mismo tiempo, integrar y co-desarrollar nuevas agendas de investigación enfocadas en este tema.


¿Cómo fue esta experiencia como bióloga, ecóloga ecuatoriana compitiendo en un contexto académico internacional?
Mi experiencia académica en el exterior se inició a nivel de maestría en Manejo Sostenible de Recursos, en Alemania, en donde pude darme cuenta que mi experiencia laboral previa en temas afines al tema de la maestría, me daba cierta ventaja, frente a otros estudiantes que no contaban con experiencia laboral anterior. Ya después, durante el programa de doctorado en Canadá, me enfrenté a ciertas dificultades por la falta de experiencia en ciertas disciplinas. De hecho, una de los aspectos que considero más relevantes durante este proceso, fue la necesidad de aprender sobre temas totalmente desconocidos para mí (e.g., Filosofía de la Ciencia, Economía, Geografía, etc.) en vistas de prepararme para los exámenes de doctorado. La clave de mi éxito, considero, fue en dos dimensiones: la parte personal, en donde mi tenacidad y disciplina, acompañadas del respaldo de mi familia fueron fundamentales durante esos años. Otra parte de alta relevancia, fue el haber sido acogida amigable y generosamente por el equipo de investigación multidisciplinario liderado por mi supervisora de doctorado. Este fue un paso importante pues a través de ella llegué a conocer e integrarme en una red global de  expertos y expertas con habilidades y capacidades académicas y humanas extraordinarias. En este contexto descubrí que el tema de mi interés, es decir la pesca artesanal, no puede ser analizado desde una sola perspectiva, o disciplina (e.g., ecología pesquera, modelamiento de stocks pesquero, o desde un punto de vista o jurídico-ambiental) sino es obligatorio, utilizar varios “lentes” disciplinarios. Con ella conocí que los temas de mi interés son generalmente tratados desde una perspectiva llamada “wicked problems”, es decir que son de alta  complejidad, mismos que, primero, no pueden ser resueltos (e.g., el hambre en el mundo) y segundo, no deben ser enfocados por una sola disciplina.

Cuéntanos cómo influyó tu supervisora de la tesis de doctorado
Cuando pienso en su influencia en mi formación académica, viene a mi mente la palabra “mentora” más que la de supervisora. Como se dice en Alemania, el término “Doktormutter” (madre de doctorado) representa mucho mejor su rol en mi programa doctoral. Ella fue y sigue siendo una fuente de inspiración en el trabajo de investigación que me interesa, pues, bajo su influencia, entré a tomar la perspectiva transdisciplinaria, como el enfoque ideal en el quehacer científico. Un aspecto que resalto es la generosidad académica con la que siempre ha desarrollado su labor acdémica, supervisando estudiantes, y dedicándole tiempo a quien lo haya requerido, a pesar de tener una agenda compleja. Esa experiencia me ha enseñado que, compartir el conocimiento, sin egoísmo, sin arrogancia y con humildad, es una muestra, no sólo de grandeza en el desempeño científico sino también en el contexto humano. Esa es mi motivación e inspiración hasta hoy.

¿Qué les dirías a las estudiantes jóvenes que están haciendo al momento en sus primeros estudios superiores en Ecuador?
Hay tres puntos que tienen gran relevancia para los y las estudiantes jóvenes que inician sus estudios superiores. Primero, la necesidad de abrir los ojos a otras realidades que existen, más allá de su “zona de confort” disciplinaria. A nivel de pregrado, generalmente los estudiantes se forman hasta cierto punto con “ojos cerrados” pensando que la suya, es la mejor y única disciplina y área de conocimiento. Sin embargo, esta visión distorsiona la realidad en la que nos desenvolvemos e impide proponer un acercamiento para cruzar las barreras disciplinarias con las que tenemos que lidiar en el ámbito académico.  Un ejemplo concreto para aliviar este problema, sería, por ejemplo, buscar cursos y registrarse en diferentes otras facultades, o seguir seminarios de verano en departamentos de otras facultades, diferentes a la que cursan sus estudios. Por ejemplo, si estás estudiando biología, resultaría interesante tomar un curso en sociología, o si estudias leyes tal vez tomar una optativa en fauna del Ecuador. Esto ayudaría a cortar el círculo en donde creemos que “yo sigo leyes y solamente necesito estudiar leyes porque quiero ser abogada”. Romper estas barreras para incrementar la movilidad de estudiantes entre facultades, debería ser la norma en el contexto académico. 
Segundo que creo como elemental la capacidad de manejar varios idiomas. Aprender idiomas te abre las puertas del mundo. Por ejemplo, si un estudiante de pregrado en Ecuador tiene interés o intención, en el futuro, de realizar sus estudios fuera, o de alguna manera tener efecto o influencia a nivel internacional, necesariamente debe tener un nivel de inglés avanzado para estar en la capacidad de comunicarse y publicar adecuadamente en otro idioma. Como experiencia personal, si yo no habría podido hablar inglés, no habría podido llegar a donde he llegado.
Y tercer punto, considero como básico el hecho de empezar a explorar áreas de investigación y académicas, de interés, desde temprano. El rodearse de expertos, de científicos, y de personas conocedoras del tema que nos interesa, es fundamental para la creación de redes, desde etapas académicas iniciales. Como estrategias, están, por ejemplo, el tomar parte en redes, ir a congresos, mostrar tu trabajo y hacerte conocer. Para mí,  el networking ha sido clave en alcanzar mi meta.
En este caso, no creo posible que se pueda trabajar aislado, publicar solo, investigar solo. Hay que buscar la interacción.

A propósito de este próximo 8 de Marzo se celebra el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ¿cómo mujer en las ciencias naturales, con qué obstáculos y prejuicios te encontraste en tu camino académico?
Lamentablemente existe una idea equivocada del quehacer científico en donde se cree aún en el estereotipo de que “las ciencias sociales son las ciencias blandas y fáciles y son para las mujeres”, y “las ciencias naturales, son las ciencias duras, y son para los hombres”. Incluso en ámbitos del considerado mundo desarrollado! Actualmente, durante mi trabajo en Alemania, me he dado cuenta que este estereotipo se mantiene, incluso en el rol que hombres y mujeres cumplen, a nivel familiar, asumiendo que la mujer debe quedarse en casa con los niños, y el hombre debe trabajar fuera de casa. Sin embargo, creo que actualmente, las proporciones mujeres/hombres que se registran en estudios superiores ha mejorado, aunque sigue habiendo brechas en el desempeño científico a nivel académico y profesional.
Es una tendencia mundial, sin embargo, el promover lo que en el mundo anglo se define como “gender balance”, que dista mucho de cumplir un rol “sexista” de confrontación, sino que aboga por un equilibro, justo, en el rol que cumplen tanto mujeres como hombres, en el ámbito científico y académico.
Durante mis estudios de doctorado, como una situación un tanto anecdótica, las tres estudiantes de PhD que compartíamos oficina, y que colaborábamos en un grupo de trabajo, nos quedamos embarazadas al mismo tiempo. Por su puesto, posteriormente, echamos por tierra la idea errónea de que quien es madre, necesita dejar su trabajo, pues, actualmente las tres seguimos involucradas en actividades de ciencia, investigación y academia.
Esta situación, sin embargo, se vuelve muy compleja cuando no existe apoyo de la pareja, para el cuidado de los hijos(as) y del hogar.  Creo que solamente a través de un compromiso familiar y de amor, se logra una negociación equilibrada en la que todos están satisfechos de la decisión tomada. Gracias al apoyo de mi esposo he logrado alcanzar muchos frutos positivos en mi labor científica y académica.  
Por lo tanto puedo decir que el prejuicio frente a las mujeres en ciencias debe terminar y creo que una opción es el trabajar con niñas desde muy temprano. Debemos terminar con la idea que hay ciencias fáciles y difíciles, y que unas son para mujeres y otras para hombres. Si te gusta algo, tú puedes hacerlo y puedes lograrlo, solamente con tu determinación. El trabajo para cambiar esta mentalidad va a costar mucho pero es necesario iniciar más temprano que tarde.


¿Cuál es tu mensaje final para todas las personas que leerán nuestra conversación?
Para todas las jóvenes que están todavía indecisas si empezar una carrera científica o no, y si continuar estudiando o no. Les digo, ¡háganlo! no se rindan! No crean que es un camino fácil, pero no se den por vencidas. Lo que necesitas es voluntad, disciplina, y decisión. Estar convencida de lo que quieres es suficiente para seguir adelante!
A las niñas quiero decirles que lean, que lean mucho y que se motiven. Amen la lectura, pero lecturas que les despierte el interés por conocer y por aprender, por llegar a la meta que quieren y con la que sueñan, en ciencia o en academia. Escapen del modelo impuesto para las niñas por la sociedad, el de “la princesa del cuento de hadas”, que “busca y espera a su príncipe azul, que le lleve a su castillo, en donde serán felices por siempre”. Para mí, este es un mensaje que distorsiona la realidad, confunde y desconcentra el potencial interés de una niña pequeña en ciencia.
¡Las  princesas de los cuentos de hadas que son rescatadas no existen! y por eso, les recomiendo leer por ejemplo, la historia sobre la primera mujer astronauta, o la primera científica que ganó el premio Nobel, o la primera descubridora de algo. De esa manera pueden mirar casos reales, de mujeres reales, que demuestran que ser una científica es posible y alcanzable.

¿Por qué es importante incluir a mujeres en la gestión del riesgo de desastres a todo nivel?

  Por Gisela Caranqui Nazate Hoy en día reducir el riesgo de desastres es prioritario. En los últimos 20 años, los desastres ocasionaron 1...