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Creando comunidad: ¿Cómo empoderar a los estudiantes y docentes para prevenir el acoso en las universidades?


Por Marcela Morales H.

La mayoría de personas hemos experimentado o sido testigos de situaciones de acoso en la vida cotidiana. De acuerdo con los hallazgos del ‘Estudio de Prevalencia del acoso sexual en las Instituciones de Educación Superior en el Ecuador’ llevado a cabo por la Red Interuniversitaria de Investigación Feminista sobre el Acoso Sexual, cinco de cada diez estudiantes mujeres han experimentado acoso al menos una vez en su vida académica. Una situación similar han vivido cuatro de cada diez docentes y tres de cada diez personas en el ámbito administrativo y de servicios. El tipo de acoso más común en las instituciones de educación superior es el acoso no verbal, seguido del acoso verbal, físico y abuso de poder. En la mayoría de los casos, las situaciones de acoso son protagonizadas por hombres.

Gráfico de REMCI basado en Hakkins et al. (2001). Naturalistic observations of peer interventions in bullying. Social Development, 10, 512-527

Frente a esta situación, la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI) con el apoyo de la Escuela de Psicología de la Universidad de Liverpool y el financiamiento de la Embajada Británica en Quito implementamos el proyecto “¡Eres más que un espectador! Creando campus universitarios seguros para todas y todos”.


Esta intervención tiene como objetivo principal reducir la incidencia del acoso en los campus universitarios del Ecuador a través del uso de herramientas sencillas que permitan a los estudiantes, docentes y personal administrativo actuar frente a situaciones de acoso. En lugar de enfocarse estrictamente en los roles del perpetrador y la víctima, la metodología del espectador tiene un enfoque de comunidad. Enseña a los espectadores cómo intervenir de manera segura en casos en los que se presencien situaciones de acoso o violencia y a comprometerse a tomar medidas frente al acoso.


Al momento, no existe mucha ni suficiente evidencia o experiencias en torno a intervenciones enfocadas en el espectador en países del Sur Global. Con esta iniciativa piloto en Ecuador buscamos ajustar herramientas de la teoría al contexto local e identificar las prácticas que puedan tener mejores resultados y que puedan ser replicadas a nivel nacional.

Este proyecto se implementará inicialmente en la Universidad Técnica de Manabí (Portoviejo), la Universidad del Azuay (Cuenca), y la Escuela Politécnica Nacional (Quito).

Si te interesa conocer más sobre esta metodología y este proyecto, puedes ponerte en contacto con cientificas.ecuatorianas (at) gmail.com  o Marcela Morales (ma.morales.hidalgo (at) gmail.com).


Foto por Marcela Morales 


Ana Elizabeth Ochoa: Enseñar a las niñas que son capaces de lograr lo que deseen



Ana Elizabeth Ochoa es Ingeniera Civil, especializada en Recursos Hídricos y su investigación doctoral se enfoca en la ecohidrología del páramo Andino. Al momento realiza su investigación de doctorado en la Universidad de Cuenca.


Por: Melani Peláez (entrevista y edición)

¿Cuándo supiste que querías estudiar ingeniería?

Cuando era adolescente sabía ya que quería ser Ingeniera Civil, y sabía que quería hacer una maestría en Europa, era un sueño que tenía con mi mejor amiga. Más tarde cuando estaba ya estudiando en la Universidad la carrera de Ingeniería Civil empecé a interesarme en el ámbito de las Ciencias Naturales, y decidí especializarme en Ingeniería en Recursos Hídricos. Me concentré en el aspecto hidrológico y cómo hacerle frente al cambio climático me llamó mucho la atención. 

¿Qué mentoras o personas inspiradoras te acompañaron en tus estudios y tu carrera?
Estoy segura que mi madre siempre ha sido la persona que me ha inspirado. Tal vez no específicamente en el aspecto académico, pero ella me enseñó que lo que sea que quiera lo puedo lograr. Además, mi primo quien es Doctor en Ciencias Naturales, fue quien me motivó en el aspecto académico, explicándome qué opciones de carreras y sus beneficios tenía para escoger.

¿Cómo es un día de trabajo científico para Elizabeth, la Ingeniera en Recursos Hídricos?
Yo me dedico a investigar un campo muy específico de la hidrología que es la ecohidrología; es decir, la interacción del agua con la vegetación. Paso mucho tiempo en la oficina, a mi fascina analizar estadísticas, programar, pensar mucho en los datos. Escogí mi tema de doctorado también porque me permitía hacer tanto trabajo de campo como de oficina. El trabajo de campo es súper chévere también. Un día de campo típico es por ejemplo salir de la Quinta Balzaín, nos recoge el chofer y viajamos dos horas y media al Área Nacional de Recreación Quimsacocha, al páramo, a aproximadamente 4.000 metros de altura, eso es un sueño. Tener la oportunidad de hacer exactamente lo que te gusta es lo que me fascina. Una de las últimas campañas que hicimos fue la instalación de lisímetros para medir la evaporación y transpiración en el páramo Para eso hay que estar pendientes de que los sensores funcionen, que los equipos tengan suficiente batería, que los datos se registren. El trabajo no es fácil en el páramo por el poco oxígeno disponible, pero a las 5 de la tarde, ya muy cansados, sin haber comido bien, regresamos a Cuenca súper contentos.

¿Con qué obstáculos te encontraste durante tus estudios?
En nuestras clases en la Universidad éramos solamente 5 estudiantes mujeres por curso o menos. La desigualdad se notaba no solamente en el número de estudiantes, sino también en que todo está orientado al “Ingeniero”. Por ejemplo, cuando un profesor se dirige a los estudiantes nunca vas a escuchar “cuando sean ingenieras…”, nunca. Eso desmotiva un poco. Creo que debe esto cambiar porque las mujeres deberíamos ser exitosas y reconocidas no a pesar de ser mujeres sino por cómo nos desenvolvemos profesionalmente. Este cambio aún no ha sucedido. Hoy en día es verdad que hay muchas más chicas que se gradúan como Ingenieras Civiles, pero aún sigo escuchando las típicas historias de machismo, que incluso viene de una que otra profesora.
Durante mis estudios no tuve tantas situaciones de discriminación porque con mi mejor amiga de la Universidad nos preparábamos muy bien para ser las mejores de la clase. Los profesores entonces te tienen respeto porque sabes que eres estudiosa y no te hacen pasar por esas situaciones. Pero sí tenía compañeras que tal vez no eran las mejores de la clase que sí tenían situaciones de discriminación totalmente machista, donde tenían que escuchar las típicas frases “este no es tu campo, viniste a buscar marido”, esas frases que hace 50 años se escuchaban y todavía se escuchaba en ese entonces. Hoy si ha cambiado la situación un poco, un profesor ya no se atrevería a decir eso en público a las estudiantes, y las estudiantes están ahora mucho más conscientes de sus derechos. Pero la discriminación sigue sin embargo de manera sutil. Por ejemplo el típico trato, aunque coloquial, al decirle “niñita” a una mujer profesora adulta de 30 y más años, en un ámbito de universidad. Pero al profesor igual o más joven le dicen “Ingeniero” o “Máster” incluso. Son sutilezas que minimizan la labor y las capacidades de las mujeres en el ámbito académico.

¿Cómo se puede superar esas discriminaciones y obstáculos?
Yo creo que mucho cuenta el carácter y formación personal. Pero creo que también debería contar mucho la alianza entre mujeres, es decir cuando conversas con tus compañeras y amigas sobre estos temas, grupos de soporte y camaradería entre mujeres para incluso hasta reírse y ridiculizar estos comportamientos y no dejar que te llegue o te afecte.

Si no me equivoco tu eres mamá científica, ¿qué les dirías a las colegas mamás científicas o a las futuras mamás en ciencia? ¿Cómo llevar adelante los dos aspectos?
Soy mamá de mellizas. Al inicio de mis estudios de doctorado supe que estaba embarazada de mellizas y me recomendaron reposo absoluto. Tuve que renunciar al doctorado y a veces me preguntaba qué iba a pasar. Fue un tiempo angustioso porque no sabía que iba a pasar tanto con mis niñas como con mis metas y sueños. Yo estaba convencida que quería hacer el doctorado y fue difícil. Muchas hemos pasado por momentos así, y es difícil, pero lo importante es organizarse. Es cuestión de logística y de tener apoyo de alguien que pueda cuidar parcialmente a tus hijos, cuesta dinero, tiempo. Si tienes la seguridad que puedes dejar a tus hijos bajo el cuidado de alguien puedes dedicarte a trabajar e investigar sin preocuparse.

Tener el apoyo de familia que ayude en el cuidado de las pequeñas es una situación o suerte que tal vez no tiene toda científica. ¿Qué crees que es necesario entonces para poder garantizar que las científicas mamás puedan continuar investigando?
Hoy en día hay otras opciones de compañías privadas que incluso ya ofrecen cubrir la mitad del costo de la guardería de sus empleados. Pero las Universidades están aún muy lejos de ofrecer este tipo de apoyo. Debemos luchar por esto, no solo para las mujeres sino para los padres, porque la responsabilidad de velar por la familia es de ambos.

¿Qué otras mejoras crees que son necesarias hacer para que las universidades puedan atraer a más estudiantes mujeres a las carreras de ingenierías y carreras técnicas?
Como mamá científica creo que hay que empezar desde la cuna. Desde pequeñas enseñar a las niñas que son capaces de lograr lo que deseen, que aprendan a soñar y creer que lo pueden alcanzar. También hay que conversar con el resto de miembros de la familia en este sentido, que las mujeres decidimos sobre nuestras vidas. A nivel institucional creo que, por ejemplo, si soy Decana o cabeza de una Facultad, poner atención y atraer a profesoras mujeres a las carreras de Ingeniería para generar esos modelos, esos ejemplos, de tener más personal femenino en las Facultades de Ingeniería y ciencias técnicas.  Además también influye mucho apoyar a estudiantes de pregrado, abrir las puertas a estudiantes mujeres y permitirles hacer pasantías o ser parte de proyectos y ayudarles a aprender.

¿Qué le diría la Elizabeth candidata a doctorado, mamá y científica, a la Elizabeth niña que estaba recién pensando en qué será en el futuro?
Por suerte tuve una mamá que me dijo lo que yo le diría ahora. Que se puede dedicar a todo lo que quiera en la vida, cualquier cosa que decida le voy a apoyar pero que sea la mejor siempre. Ese mensaje cuando era niña me abrió la mente a pensar en todas las posibilidades, sin tener que dar gusto a tus papás o a la sociedad, siempre y cuando una se esfuerce mucho y busque ser la mejor.

¿Cuál es tu mensaje final en cuanto a nuestro tema de interés: mujeres en la ciencia?
Hace poco estaba leyendo un artículo que tematizaba cómo se habla a las mujeres en las áreas técnicas. Las mujeres siempre estamos pensando en todo. No solamente estamos pensando en un buen trabajo, sino pensamos al mismo tiempo en cómo va a estar mi familia, cómo puedo apoyar a la sociedad. Para alcanzar que más mujeres se decidan por las carreras técnicas, es importante repensar en cómo comunicar sobre estas carreras para las mujeres, es decir comunicar que las carreras técnicas no solamente son atractivas porque eventualmente te llevan a empleos bien pagados, sino ir más allá y comunicar cómo esas carreras aportan a la sociedad, o cómo esos estudios te permitirán armonizar con la vida privada. Estos aspectos son importantes para captar la atención de nosotras.



Maternidad, doctorado y redistribución social

Por Silvana Tapia Tapia., PhD 



Silvana Tapia Tapia. es PhD en estudios legales y sociales de la Universidad de Kent, en Reino Unido. Sus áreas de investigación son derecho penal, y feminismo decolonial. Además es deportista apasionada por la alimentación sana. Recomendamos seguirla en su cuenta de Twitter: https://twitter.com/silvilunazul 
Foto de: https://www.instagram.com/lunazulfit/

En el curso de mis estudios doctorales muchas personas, incluyendo colegas y compañeros, me preguntaban con admiración cómo organizaba mi tiempo para cubrir las grandes demandas de mi trabajo de investigación y ser “buena” mamá a la vez. En el caso de mi grupo de colegas tener que desempeñar ambos roles era relativamente excepcional: la mayoría de mis compañeras de promoción eran más jóvenes y aún no tenían (o no planeaban tener) hijos.

Por estas razones, todavía es necesario poner en evidencia los arquetipos de género que para muchos siguen siendo lo "natural" e incuestionable. Para mí, la experiencia de trabajar en mi doctorado y criar un niño que apenas tenía dos años cuando empecé los estudios, con frecuencia significó confirmar que hay severos problemas no resueltos en torno a las labores de reproducción social que cumplimos las mujeres. Si es el caso para las más privilegiadas que tenemos acceso a la educación superior, con mayor razón es un problema grave para aquellas mujeres marginalizadas y de escasos recursos económicos que no pueden acceder a cuidado infantil pagado.


Algo interesante es que la sorpresa manifestada por quienes me preguntaban sobre la distribución de mi tiempo con frecuencia estaba basada en la suposición de que yo necesariamente estaba cumpliendo el rol de cuidadora principal de mi hijo. Pese a saber que tengo un compañero con el que vivo, nadie imaginó, por ejemplo, que mis estudios doctorales pudieran ser una opción separada del rol de mamá. Para ilustrar mejor: aunque muchos de mis compañeros varones eran padres de familia, no recuerdo que alguien les haya preguntado cómo organizaban su tiempo para cumplir los dos roles; en este caso la suposición implícita era que otra persona (la mamá en la mayoría de casos) se estaba encargando de la crianza de los niños.

Así, mi principal dificultad para organizar mis roles fue económica: en el Reino Unido, donde realicé mis estudios, no existe el cuidado infantil público; todas las guarderías son privadas y cobran alrededor de USD 1.100 mensuales por recibir a los niños durante los días ordinarios, en horas de oficina. En tal virtud, el dinero de mi beca doctoral alcanzaba justo para cubrir el rubro de la guardería, dejándome apenas dinero para gastos inesperados. El papá de mi hijo estaba trabajando a tiempo completo también, y aunque consideramos la posibilidad de que él se quedase en casa para ahorrar en la guardería, nuestros cálculos finalmente mostraron que la opción más eficiente en términos económicos era la de tomar un trabajo remunerado, en vista de que los gastos de vivienda, comida, vestimenta, etc., ascendían también a montos muy elevados.

Como vemos, el "problema" de la maternidad evidencia la expectativa social de que el trabajo de cuidado se realice sin remuneración, además de la idea de que solo la madre y únicamente ella puede desempeñar el rol de cuidadora principal. En cuanto a las mujeres que trabajamos o estudiamos a tiempo completo, ni las entidades que financian estudios, ni las instituciones de educación superior, tienen en cuenta nuestro trabajo de cuidado. Una beca nunca contempla rubros para cubrir gastos de guardería o actividades para los niños, aunque para las mujeres es indispensable acceder a estas instancias para desempeñar sus funciones atendiendo a su salud integral. El trabajo de cuidado está profundamente privatizado incluso en los espacios comunitarios: es una cuestión que se espera sea resuelta puertas adentro. Si nuestra pareja o familiares nos ayudan, bien por nosotras, si no, pues mala suerte. 

Adicionalmente, y más allá del aspecto financiero, los espacios institucionales de interacción social rara vez están pensados para acomodar a las mujeres con sus niños (o a los varones en cualquier caso). Por ejemplo, acudir a una reunión aunque sea informal con el hijo para el que no pudimos encontrar cuidador, sigue siendo tabú. Incluso en las reuniones meramente sociales suele ser mal visto que se lleve a los niños. Las universidades casi nunca cuentan con áreas óptimas para esparcimiento infantil, ni en exteriores ni en interiores. En muchos casos, las habitaciones para estudiantes que se ofrecen en las residencias universitarias están pensadas para ocupantes solos, no para familias. En suma, en el mundo de la institucionalidad educativa a todo nivel, hay una gran invisibilización de las dificultades que enfrentan las mujeres, las cuales en gran parte se deben, sí, a una construcción de roles de género que les asigna a ellas todo el trabajo de reproducción social; pero también es una cuestión de redistribución económica, pues aunque de la noche a la mañana los varones empezaran a realizar más trabajo de cuidado infantil, sin la realización de cambios estructurales ellos se verían igual de limitados que nosotras ante la falta de recursos y garantías. Sin embargo, tal vez solo en ese caso hipotético de que todas las personas, independientemente del género experimenten los desafíos del doble rol, sería posible el reconocimiento político de la gravedad y urgencia del problema para abordarlo como lo que es: una cuestión estrechamente vinculada a los derechos fundamentales de las personas.



¿Por qué es importante incluir a mujeres en la gestión del riesgo de desastres a todo nivel?

  Por Gisela Caranqui Nazate Hoy en día reducir el riesgo de desastres es prioritario. En los últimos 20 años, los desastres ocasionaron 1...